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miércoles, 17 de julio de 2013

instantáneas de vacaciones (o culpas de madre)


Nada peor que correr atrás del niño en el patinoso Mac Donald´s, diciendo
-no terminaste la comida, vení a comer!!, mientras mirás la hamburguesa de suela de zapato y  las papas frías y te jurás que es la última vez que vas, hasta la próxima

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Uno cada siete años


5.30am: escucho el viento golpeando vidrios, me levanto a tapar niños; lo pienso una vez más, hace rato que tengo ganas.  Me vuelvo a dormir
7.00am: me despierto de casualidad, no sonó la alarma. Voy a la ventana, lluvia, viento. En la tele, la ciudad bajo agua. Está decidido, hoy es día de rabona general. La vez anterior fue en el 2005, y yo tenía dos hijos. Ahora tengo el doble. El hombre de la casa tiene una pierna inmovilizada desde el muslo al tobillo, y yo trabajo desde casa hoy. Día perfecto.
9.45am: ya pasaron las peleas por la última feta de queso para el tostado, Scooby Doo vs piratas de nunca jamás, y ya estoy dudando si fue una decisión sabia la mía.
11.00am: ya están aburridos, llorando porque quieren ir a pasear, o porque no saben lo que quieren. Me levanté de la compu unas 18 veces. Y eso que está L que banca y banca la casa. Almorzamos temprano.
12.59pm: la lluvia está parando, es hora de salir a hacer todas las vueltas pendientes, que incluyen supermercado, hacer de remis para mi marido, cumpleaños de amiguito, fonoaudióloga infantil. Se disuelve el clima dominguero
5.00pm: vuelvo a casa, los que quedaron me muestran sus manualidades, tomamos la merienda todos juntos. Un día muy loco
7.00pm: ya estamos otra vez en la ronda de baño, cena, a dormir.
Conclusión, vale la pena una rabona sabática.
Y mañana es el último día del invierno. Chau

lunes, 30 de abril de 2012

Desbarrancando

Tanto va el cántaro a la fuente, como decía mi abuelo, que al final se rompió, llegamos al cine sobre la hora (por milésima vez)  y no conseguimos entradas, si, en esta época de compra online y todo el bla blá. La siguiente función, dos horas y media después, ufff. No había quórum para otra peli. La carita de tristeza de Agus me partió el alma. Al ratito, por suerte, ya estaba de buen humor mirando vanitorys  sillones y heladeras paseando por el shopping (y si, fuimos a Norcenter). Nuestra casa está a punto de venirse abajo en varios aspectos físicos. No en el espiritual, al menos (eso si, miramos pero no compramos, como siempre). Para compensar hicimos una pasada por los jueguitos electrónicos que son una peste, plata que vuela como humo, ruido insoportable y una concentración de seres humanos demasiado alta para mi tolerancia epitelial. A la salida estaban todos más o menos calmados, y ahí arrancó el ataque de angustia de Guille: que el paseo no le gustó (a mí tampoco nene...). Como para volver bien cargaditos de hastío, frustración y autodesprecio por haber desperdiciado en ese sitio un par de horas que hubiera pasado felíz  leyendo frente a la chimenea en un precioso domingo gris y frío, todo para nada. Los planes de fin de semana se nos están haciendo cada vez más difíciles. Sumale que necesitamos tres clases de programas diferentes, poca plata, y mucha energía y timing para poder llegar a alguna parte después de almorzar sin haber comido fuera de casa: es misión imposible. Y todavía tenemos que pasar el invierno...

miércoles, 19 de enero de 2011

Tierra llamando...


Si, ya estamos bastante aterrizados. Nos vuelve a rodear la normalidad, me siento bastante bien, por supuesto, me despierto una vez por hora durante la noche, pero eso es lo usual para estas épocas de mi vida. Es raro, de a ratos se me olvida que está ahí en la cunita. Qué madre te tocó