miércoles, 29 de agosto de 2018

Y ahora qué

¿Y ahora qué es lo que está mal?. Hoy es un día soleado, con temperatura hermosa, pre-Santa Rosa. Fui al gimnasio, hasta hice 3 minutos de meditación. Leí ¨bibliografía¨, porque estoy nuevamente en esos rumbos retomados de mi pasado. Hice varios mandados digitales, porque siempre me distraigo con otros pendientes, siempre. Hoy está la empleada en casa. Traje amiguitos de hijos chicos a jugar a casa. Casi todo funciona como debiera. And yet, algo no está. Lo que no he cosechado en estos años, experiencia, responsabilidades laborales, éxitos.
Estuvo de  visita por casa una de mis amigas de facultad, hoy docente e investigadora independiente. A ella ya le chupa un huevo todo, es lo que me dice. Y yo le digo ¨porque ya lo hiciste¨. Ya llegaste. Yo siento que todavía no llegué. Este proyecto nuevo es un intento más por llegar a la superficie del éxito en donde viven todos esos otros. Y yo no. Ya sé lo que me vas a decir. 
Escribo para entender que lo que me falta es un éxito que esté a la altura de mis expectativas. 
En el final del cuento ¨demasiada felicidad¨ de Alice Munro, la protagonista (mujer matemática a fin del siglo pasado) se da cuenta de pronto de que puede vivir una vida plena sin grandes éxitos, como mucha gente a su alrededor. Yo sigo intentando.

viernes, 27 de julio de 2018

con fondo de Chet Baker, lluvia e invierno


Un saxofón triste intenta tapar los gritos de los youtubers que ven mis hijos en vacaciones. Alternamos entre disparos de Fornite y los VALE CHAVAL, JODER TIO, PUTA MIERDA y otras por el estilo que repiten.  Llevo al menos trece años de madre en vacaciones de Juio. Ya perdí todo el entusiasmo por cualquier tipo de evento multitudinario. Mis hijos menores hacen lo que quieren con la play. Vengo amenazando que voy a cortar todo. El lunes empiezo, como la dieta. Hoy todavía tengo que armar planes, y solo queda LA PELICULA DE LOS JÓVENES TITANES EN ACCIÓN.  Con la muñeca fisurada no me animo a manejar lejos. Iremos de paseo al pequeño infierno del Unicenter tal vez?  La película repetida de las vacaciones de allá lejos y hace tiempo.

miércoles, 30 de mayo de 2018

Las quejas del otoño



Desde que me despierto
hasta que me duermo
de la oscuridad al crepúsculo
desde que estiro los músculos
todo se estira y se complica
nada es como debe ser, no aplica
quisiera sacarme la tela de araña
que me cubre y la estiro
me retuerzo
trato de escapar
de los que no se levantan
y no se visten
no terminan el desayuno
ni se lavan ls dientes
ni se atan los championes
y el tiempo pasa, y la hora llega
cierra la puerta de la escuela
hay que firmar entrada tarde
la pesadilla de los chicos y grandes
hay que hacer cola
no se puede estacionar
Después, el día recién empieza
son las 8 y media
y siguen los pequeños problemas
ir y volver, llegar tarde
no puedo hacer lo que me toca
no estoy a la altura, no tengo tiempo
y de pronto se pasó la hora
todos volvemos a casa, a la play, a youtube
cada uno perdido en su mundo azul
están sucios y no se quieren bañar
resuenan tiros en la web, voces en neutro
y hay que pensar en cenar
y no les gusta la comida que hay
ni guiso, ni pastel de papa, ni sopa
ni tarta ni espinacas a la crema,
son los súbditos de los fideos con manteca.
La noche llega pronto pero el frío no se vio,
es un invierno veraniego
preámbulo del final que se nos viene
Y yo quejándome
de que vivimos lejos de la escuela,
y de los embotellamientos de la ciudad roja,
los supuestos amigos de esquina
las conversaciones que ya no pasan el muro
el firewall, el antivirus social
Todo queda detrás de la fachada.
Debemos ser positivos, todo es relativo
No te compares, no me comparo digo
Y ya llega una interrupción
Es hora de terminar la queja

jueves, 12 de abril de 2018

La Statup (o sea, la STARTAP)

Desde hace un par de meses esa es una de las palabras que más repito en mis presentaciones sociales laborales etc, ¨estamos armando una startup de biotecnología¨. Esa oración tan sencilla en sintaxis pero con un signifado difuso, misterioso y reluciente, es un salvavidas para mi ego? Extrañamente no me he inflado de orgullo aún. Será que estoy más madura y sobre todo porque todavía no hemos logrado nada concreto, aunque pasamos de la nada misma a un proyecto que está a punto de presentarse a un concurso o dos o tres o cuatro, con presupuestos, lugares de ejecucución, antecedentes biblbiográficos, todo un paquete. Para mi carrera profesional descendente es la última y nunca imaginada oportunidad. En la realidad mi aporte a todo esto no es fundamental, y sin embargo es cierto que he aportado unas puntitas fundamentales. Todavía estamos en etapa luna de miel con socios que me eran totales desconocidos y ahora son mis interlocutores fundamentales. La duda es cuánto escribiré el cuento ¨la startup¨ y cómo será el final.  En general lo mío no son los finales felices

martes, 27 de febrero de 2018

the best mirror is an old friend

el mejor espejo es un viejo amigo dice el dicho. Hoy ví a una antigua compañera de trabajo que era un poco, poquito, mayor que yo, and guess what. Está hecha miércoles como corresponde. Yo creo que estoy bastante bien mantenidita peeeero a la vista del espejo amigo, tengo que replantearme el tema

domingo, 28 de enero de 2018

billions

volver de vacaciones al calor de Buenos Aires, al ventilador frente a la tele*, a Netflix, a Billions:

"you can't be who you are and that's  destroying you"

Nicholas Brody/ Bobby Axelrod me habla directo a mí.

Ya no puedo ser quien fui, o la que creí que iba a ser?

jueves, 25 de enero de 2018

3018

este año voy a tuitear desde blogger.

Hijo de 15 filma videos con audio de mis comentarios en snapchat.
Las madres somos una voz en off en la vida de los adolescentes

viernes, 24 de noviembre de 2017

elegir una carrera, 30 años después

Terminaba 1987 y yo tenía que elegir qué orientación iba a seguir en el bachillerato al año siguiente. Las certezas se terminaban para siempre. Desde entonces nunca tuve paz, quizás antes tampoco pero no lo sabía. Era más feliz cuando no tenía que tomar decisiones.
Como yo creía en mi test de coeficiente intelectual,  y mi ego también, a pesar de que me encantaba la literatura, no me veía en otro futuro posible que siendo profesora de enseñanza secundaria, y con quince años, qué destino peor se podía imaginar. Así que me decidí por el bachillerato biológico, orientación medicina. Para cuando habían pasado dos meses, mi nivel de inseguridad se había instalado en los valores estándar que manejo hasta ahora para cualquier decisión y entonces llegué a la conclusión de que mejor era pasarme a humanístico. Para fin de año terminé dando las dos opciones, todas las materias libres. Así empezó todo y nunca pude parar de dudar. Entré a la facultad de Ciencias y las voces en mi cabeza eran tan fuertes que no escuchaba lo que explicaban los profesores. Los dos primeros años fueron muy duros pero me salvó todo lo que me divertí con los amigos nuevos. Al tercer año decidí meterme de cabeza para adelante, ya no podía abandonar y empezar algo nuevo. Terminar la licenciatura en bioquímica me llevó seis años, la Maestría otros tres, y aún hasta el final no estaba segura de estar en lo mío pero tenía la conciencia  de que era feliz cuando me sentaba en la mesada con el sol entrando por la ventana al lado mío, las pipetas y los eppendorf ordenaditos para empezar el experimento del día. No le presté atención a eso. Después vinieron los hijos y los cambios de planes inesperados. La crisis económica y la falta de futuro para la ciencia. Como yo no podía salir del mandato de que el trabajo es para ganar plata, llegó el momento en que decidí cambiar por un ambiente donde los sueldos eran buenos en serio: la industria farmacéutica.  Al principio me gustó la vida de oficina y ganar bien, comprarme ropa para ir a trabajar. Pero la duda nunca desapareció. Se duplicó. Ya no era solo si debería haber hecho ciencia o literatura, sino si debería haber abandonado la investigación básica o no. La verdad es que la ciencia me abandonó a mí, y yo me fui volcando a estar con mis  hijos. Durante muchos años no hubo nada que me importara más que estar en la puerta del jardín a la hora de la salida, llevarlos a los cumpleaños y ni hablar las terapias especiales y los médicos semanales de mi hijo con discapacidad. Dos hijos era un número manejable y los plazos para volver a trabajar eran razonables. Cuando tuve dos hijos más todo cambió. Las actividades de mamá se volvieron repetidas pero los niños y el amor eran nuevos. Yo no me estaba haciendo más joven y el tiempo pasó, la ciencia se revolucionó, mis colegas crecieron y yo quedé atrás, muy atrás como un puntito en el horizonte.
Después de muchas peripecias, todas en bajada, este año llegué a la conclusión de que mi única salida  laboral es a través de una startup. Invertir o participar. Parece que llegué a lo segundo. Después de tantos años otra vez me ofrecen una OPORTUNIDAD: voy a ser socia de una startup. Eso significa trabajar sin sueldo por un futuro como accionista de una biotech. Suena muy lindo pero mi nivel de realismo y de depresión basal ya no permiten que me ilusione mucho. Incluso estoy a prueba.
Me pongo a leer los papers científicos que avalan la base tecnológica del proceso, y me encuentro recuperando conocimiento hundido, investigando para recordar lo que supe de memoria, y veo finalmente mi carrera como una herramienta. Cuando estudiaba no imaginaba cómo podría usar al retículo endoplasmático en mi vida. Cuando terminé la maestría, la idea de armar una empresa era una locura extraterrestre en medio de la crisis del 2001. Cuando trabajé en la industria farmacéutica, todavía tenía demasiadas expectativas sobre mí misma y me sentía subutilizada archivando documentos esenciales de los ensayos clínicos en  un salón gigante sin ventanas, tapado de estanterías, la viva imagen de la burocracia letal.  En todos los trabajos que tuve mi formación básica era requerida como conocimiento, no necesariamente para ser utilizado en la forma en que me lo enseñaron. Nunca más tuve que usar la centrífuga ni el espectrofotómetro, ni un termociclador entre tantos otros aparatos.  Por suerte mi curiosidad inútil me ha llevado a seguir leyendo abstracts sin parar durante más de una década fuera del sistema, aunque sí tuve que aprender sobre cada tema en el que  estuve involucrada en la investigación clínica. Pero recién ahora, una vez más me vuelvo a enfrentar con una tarea para la cual alguna vez me formé. Ya no siento que debo pipetear para hacer mi trabajo, porque ya no es posible. Pero de toda esta incertidumbre puedo sacar una conclusión. No le erré a la carrera que elegí. Le erré a varias decisiones que tomé en el camino, sistemáticamente. He sido una máquina de tomar decisiones malas  y probablemente lo siga siendo. Hago mal las cosas, me atropello, me distraigo patológicamente. Ahora ya sé que soy casi bipolar, con trastorno de ansiedad generalizado y probable depresión aunque no me la han llegado a diagnosticar, he ahorrado en psiquiatra este año. No sé si voy a poder hacerlo mejor o distinto que las veces anteriores. Pero lo voy a intentar una vez más. Puede que lo único nuevo que haya aprendido sea que ahora sé todo lo que hago mal, a pesar de que no veo cómo puedo cambiarlo. Antes tenía esperanza de que un nuevo comienzo iba a traer el cambio definitivo. Ahora sé que eso no es posible. Si lo logro o no, va a tener que ser con todas estas limitaciones, que no se van a ir. Podré?
Lo loco, como siempre, es que esta oportunidad apareció justo cuando tenía una versión bastante corregida de mis relatos y estaba por poner la energía en tratar de que me publiquen una nouvelle o finalmente entregarme a la autopublicación con distribución que me han ofrecido.
Al final nunca puedo dejar de elegir

miércoles, 13 de septiembre de 2017

me olvido que soy yo

Ayer por un par de horas llegué a armarme en la cabeza el plan de hacer el doctorado, y me convencí. Como si no lo hubiera intentado ya hace diez años. No quiero hacer el doctorado, quiero tener veinticinco otra vez

jueves, 17 de agosto de 2017

volviendo de vuelta

Porque la felicidad ya no se bloquea, se instagramea. El viaje a Italia fue hermoso, ya no tengo la expectativa de la felicidad total ni de caerme de culo de la emoción ante lugares ya vistos, aún así hubo momentos mágicos. Como un prosecco al atardecer en Villa Borghese y el mejor cocktail de la vida. Ya le había echado el ojo al lugar antes de que llegara marido. Es cierto, no hice diario íntimo de este viaje. Todo quedará en el olvido o en las 400 fotos del viaje.

Y después pasó Julio sin pena ni gloria. Paseos trillados de vacaciones de invierno. Fui perdiendo el gustito del Estate Italiano. Y llegó Agosto y se vino el cumpleaños de quince de mi segundo hijo, en el cual se nos permitió hacer de hamburgueseros y mozos, para retirarnos lo más rápido posible fuera de la vista de los adolescentes. Y así estamos llegando ya al calorcito previo a Santa Rosa.
La mañana estaba un poco depre, como siempre que creo que he terminado de corregir mis cuentos, y los vuelvo a leer. También puede haber sido por falta de café así que me mandé el segundo del día. Tengo otros recursos disponibles, como avanzar con mi lista de pendientes: arreglar problemas con la VISA, la municipalidad y otros impuestos. Ya resolví lo de la alarma. La mañana, el momento más energético del día, trataré de no desperdiciarla una vez más

viernes, 9 de junio de 2017

paralizada por las opciones

RESULTA que ya el viernes próximo me estoy yendo a Roma, no le he dedicado la energía necesaria a resolver activamente cosas como comprar tickets online o saberme de memoria el sistema de transporte (como hice en algún otro viaje…), no me puedo decidir entre las opciones, qué día voy a qué, etc. Las opciones me paralizan. Ya me armé itinerarios y al quinto día llega marido. Para eso vienen mi madre y mis tíos a quedarse con la prole y esa parte me consume energía también. No me puedo quejar, la última vez que hicimos algo así fue hace ocho años, y por como pinta la cosa, la próxima será dentro de ocho años.
Mi nivel de depresión leve y oculto me impide estar exultante así que para parecer normal voy a tener que poner cara de chocha durante los días previos a mi partida, porque en total mis parientes se van a quedar en casa unos 10 o 15 días más de lo que yo planeaba, para llegar con anticipación. No me estoy quejando, mi medidor interno de privilegios empieza a emitir sonidos de alarma suaves y breves. Pero la verdad está allá abajo agazapada. De todas maneras sé que lo voy a pasar bien cuando esté allá. Es que no puedo confesar a nadie este desierto interior, esta falta de, a pesar de que funciono a toda máquina el día entero, hay algo apagado. A veces tengo la esperanza de que una pastillita o algún hongo mexicano me solucionarían los problemas mentales. Pero la cosa viene de familia

viernes, 2 de junio de 2017

cafecito vía Teleconferencia


Me defino como la que hace el esfuerzo de mantener las relaciones, casi siempre. Es que soy la que se fue de la ciudad, del trabajo, etc. Entonces los demás se quedaron en lo suyo pero si yo quiero mantener aquel viejo vínculo, me tengo que arremangar, llamar, invitar, remar para que ¨nos veamos. Así he sostenido la amistad de un grupito básico de compañeros de facultad, aunque hoy no me encuentro reflejada en ellos cuando nos vemos. Es más, lo padezco. Estoy en la antítesis de mis former colegas, todos profesores adjuntos con muchos congresos encima y poca plata. Yo estoy del otro lado aunque tampoco la exageración pero no es muy difícil ganar mejor que un profesor universitario, ni te digo si son dos en la pareja, o si además mantienen el jipi lifestyle uruguayo que viene acompañado de no tener un mango nunca. Sigo siendo la extraterrestre que era antes por razones diferentes.
En Argentina es otra historia, tuve un grupo unido los primeros cuatro años en que trabajé en un laboratorio. Después me fui, pasé por cinco trabajos en quince años más o menos. Quedé muy apegada a ese primer grupo donde casi todos siguen trabajando, aunque han cambiado y muchos se odian entre ellos. Y yo también cambié, y me peleé con varios, pero hay dos o tres que trato de no perder, y con gran esfuerzo logro que nos encontremos quizás cada dos años. Esta vez le escribí el mail anual a una de mis antiguas compañeras y me invitó a reunirnos por Skype. SE entiende que en esta ciudad alguien que vive en otro barrio puede estar a 25km de mi casa así  que peor es nada, tendremos el cafecito anual por TC, ni siquiera estoy en sus contactos así que acá estoy esperando, con la solicitud pendiente. Y ya me tomé el café